ORIGEN HOLANDÉS

Las primeras fixies llegaron a Barcelona hace cinco años, en septiembre del 2004. Las trajeron una pareja de holandeses que se instalaron en la ciudad para trabajar en Pedal, una de las empresas de mensajería en bicicleta más potentes de la capital. Steven Besseman, propietario de la compañía, se pasó al fixed gear un par de meses después. “En las primeras semanas no controlas la bicicleta, pero una vez lo consigues, no quieres otra cosa”, apunta este sonriente belga. Cuenta que Londres y Berlín dan mil vueltas a la capital catalana en la adaptación del piñón fijo. Pero él sabe ya cómo es Barcelona, “una ciudad que absorbe todas las buenas tendencias”. Hace dos años, solo había una decena de bicicletas así circulando. En la actualidad recorren la ciudad cerca de dos centenares. La cultura fixed gear nació en los años 80 en capitales como Nueva York y San Francisco. Las empresas de mensajería empezaron a contratar a ciclistas y estos optaron por las bicis de piñón fijo, cuyo mantenimiento es mínimo. El sentido práctico y el tener una máquina ligera que se deslizara con sigilo entre los coches alumbró otro modo de pedalear por la vida. Creó una manera de ser. Xavi afirma: “Se trata de adaptarse a la máquina y no de esperar que ella se adapte a ti”. Y Simón añade: “Solo así consigues tener con tu fixie una relación perfecta, casi mística, para que te lleve a todas partes”. Miquel Santalices, copropietario de Espai Bici, una tienda especializada en ciclismo urbano, cree que el piñón fijo es “una apuesta de futuro” ante la invasión pacífica que ha supuesto el Bicing para el sector.

PERSONALIZACIÓN

“Los que optan por esta bicicleta –dice Santalices– convierten su modo de transporte en algo lúdico; la miman, la mejoran, le cambian el color, se compran complementos como bolsas, gorras o camisetas…, es un mundo que engancha y en el que todos quieren tener una bici única, distinta a las demás”. Realmente cierto. Es muy difícil ver dos máquinas iguales, y las marcas que han intentado venderlas han chocado de frente con el deseo de los riders de ser exclusivos. “La perfección no se consigue cuando ya no queda nada por añadir, sino cuando no queda nada por quitar”. Esta frase de Antoine de Saint-Exupéry es la que mejor define la cultura simplista del movimiento fixed gear. Y en una ciudad como Barcelona, abierta a las buenas ideas y donde el deporte popular crece cada día, la propuesta del piñón fijo parece tener mucho que decir.

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