Aunque solo con estar durante media hora, entre las 12.00 y las 12.30 horas del pasado jueves, en el tramo citado de Consell de Cent se puede entender que en algunos casos se reduzcan el número de multas. En esos 30 minutos, en los que como mínimo una veintena de coches, furgonetas y camiones aparcaron durante uno o varios minutos tanto en el carril bici como en el carril de circulación de la izquierda; en los que unas 30 motos invadieron el carril bici para adelantar a los coches; en los que un ciclista y dos motoristas iban circulando por la acera; en los que una decena de furgonetas aparcaba en doble fila en los chaflanes de carga y descarga o de zona azul, y en los que decenas de peatones cruzaban los semáforos en rojo, en esos 30 minutos no pasaba por Consell de Cent ninguna patrulla de la Guardia Urbana.

Los agentes no pueden estar en todos los sitios a la vez, pero precisamente el entorno del paseo de Gràcia, desde Gran Via hasta la Diagonal, suele ser una zona muy conflictiva, sobre todo a media mañana. “Si presiento que hay un agente cerca, me bajo de la moto. Pero me duele la espalda y esta moto pesa más de 170 kilos”, responde Lluís a la pregunta de por qué va en moto por la acera. Acaba de recorrer unos 50 metros entre Pau Claris y el paseo de Gràcia. “Pero voy lento, con los pies tocando el suelo y lejos de la fachada. No quiero que los peatones se molesten. Además, si me multasen les daría toda la razón“.

Riesgo mínimo

Pero como no hay agentes, el riesgo de una multa es mínimo. Lluís aparca su moto como todas las 333 que hay en las aceras a lo largo de esas cuatro manzanas: en semibatería, algo que incumple la ordenanza de Barcelona, ya que en aceras de menos de seis metros deberían aparcar en paralelo al bordillo, sin invadir las aceras más de 50 centímetros. Ninguna moto es multada, porque sencillamente no habría sitio para todas ellas si se cumpliese con esa norma. Los principales perjudicados del caos diario son los peatones, que ven reducido su espacio. No solo por las motos, sino también por las terrazas de bares y, sobre todo, por los andamios de obras que dejan un paso de apenas un metro. Y además, aunque haya carril bici, siempre hay algún ciclista que prefiere ir por la acera. ¿Por qué? “Porque soy italiano”, responde Vicenzo, y no es broma. “Voy buscando una estación del Bicing y pregunto a la gente dónde hay uno. Además, creo que el carril bici está mal señalizado y el tráfico me da un poco de miedo”.

Eso pasa a muchos ciclistas en Consell de Cent, donde ven su carril continuamente obstaculizado por coches de todo tipo. Un hombre en traje ha dejado su pequeña furgoneta delante de la galería de arte Elite Arts. ¿Por qué? “Porque solo son 10 minutos. Descargo tres cuadros y ya está. Además, en el chaflán no había sitio”. Son las excusas más usadas: solo es un momento y no hay sitio en el lugar adecuado. Pero ese “solo es un momento” causa peligro, atascos, bocinazos y caos casi continuo.

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