Fátima del Carmen López pasaba por la carretera N-141, entre Montfullà y Girona, todos los días para ir a trabajar. El 30 de octubre de 2007, la mujer hizo sin problemas el trayecto por el carril bici construido siguiendo la vía del ferrocarril, pero tenía que atravesar la nacional y ya sólo se veían los faros de los coches. Era casi de noche. Un automóvil que circulaba a gran velocidad no la vio. El impacto fue tan brutal que su cuerpo apareció cien metros más allá. La joven hondureña, de 29 años, murió en el acto. Días después, alguien dejó en el lugar una bicicleta pintada de blanco, la primera en España. Era una señal, una manera de recordar a los imprudentes que los ciclistas también tienen derecho a circular con seguridad. Y una forma de exigir a las Administraciones que reduzcan los puntos negros en las carreteras. Aquella bicicleta que servía de recordatorio inquietante fue robada hasta dos veces, pero ésa es otra historia. El movimiento de las bicicletas fantasma surgió en 2003 en San Luis (Misuri, Estados Unidos), cuando una chica murió embestida por un coche. A los pocos días sus amigos pintaron de blanco una bicicleta y la colocaron allí donde perdió la vida. Desde entonces, la suma de bicis blancas va creciendo y ya son 220 las que recuerdan la memoria de los ciclistas muertos por accidente de tráfico en todo el mundo. Se pueden ver en ciudades y carreteras de América del Norte, Europa y Australia. Inquietan noche y día a quien pasa por su lado. Y en la oscuridad reaparecen cual fantasmas tras un destello de luz. El movimiento de las bicicletas fantasma pretende recordar a las víctimas y alertar a autoridades y ciclistas de la peligrosidad de determinadas calles y carreteras. El mapamundi de estas bicicletas blancas estremece. En la página web ghostbikes.org sitúan cada una de estas muertes con un globo. En él puede leerse el nombre de la víctima, su edad y el lugar donde ocurrió la tragedia. La misma web sirve de cementerio cibernético de ciclistas. En uno de sus apartados se pueden consultar los nombres de los ciclistas fallecidos. Cada recordatorio incluye una fotografía de su bici fantasma, informa de cómo murió y a qué dedicaba su vida, acompañado todo ello de fotos de los fallecidos con sus amigos o familia. Estremece ir abriendo los enlaces y encontrar entre ellos la bicicleta fantasma de los seis ciclistas que murieron en tan sólo un año en las calles de Kiev (Ucrania). La sucesión de muertes causó una tremenda movilización ciudadana en esta ciudad, que exigió al ministro del Interior más control en las investigaciones de los accidentes de tráfico y carriles especiales para las bicicletas. Como resultado de las protestas, el autor que conducía borracho y causó una de las muertes fue condenado a cinco años de prisión y el alcalde aceptó instalar carriles bicis por la ciudad. En la ciudad de New York hay cerca de medio centenar de bicicletas blancas; en Londres, sitúan siete tragedias más, y en Melbourne (Australia), cinco. Una lista a la que cada día se van añadiendo más nombres. La asociación Ghostbikes explica cómo se deben preparar estas bicicletas funerarias. Previamente, se inutilizan, se cortan los cables, se quitan los frenos y las luces, se pinchan o desinflan las ruedas; en definitiva, lo que queda es pura chatarra sin ningún valor, nada más que el recuerdo de una desgracia. Luego, le dan varias capas de pintura blanca y la dejan secar. Cuando está lista, la atan con una cadena y un candado en el lugar donde se produjo el siniestro. Una placa grabada con el nombre de la víctima, el día del accidente y unas flores recuerdan que quien murió en esa cuneta viajaba sobre dos frágiles ruedas y tenía nombre y apellido. Cada año mueren en las carreteras españolas medio centenar de ciclistas, según las estadísticas de la Dirección General de Tráfico. Pero en nuestro país no hay una bicicleta fantasma por cada una de estas víctimas. Miquel Llop, presidente de la asociación de Girona Mou-te en Bici (muévete en bici), se ha sumado a la iniciativa de las bicicletas fantasma, “en memoria de los muertos y para reclamar mejoras en las carreteras y evitar cualquier otro accidente grave”, dice. Esta agrupación de ciclistas fue la primera de España y hasta ahora la única que puso una bicicleta blanca en una carretera española. La colocaron en la carretera en homenaje a la muchacha hondureña. Fátima no tenía familia ni en Honduras ni aquí. Vivía con una amiga, Yeni Rosales, que la esperaba aquel día para cenar. Pero no vino, ni llamó. “Yo siempre le decía que no fuese en bici, que estaba muy oscuro. Pero a ella le encantaba y decía que no había peligro”, recuerda Yeni, todavía triste. Al día siguiente, preocupada por su ausencia, Yeni llamó a la familia española para la que su amiga trabajaba cuidando un bebé, pero no sabían nada de ella. Se fue al Ayuntamiento de Bescanó: “Allí me comunicaron que Fátima estaba en el tanatorio. No se dio importancia a su muerte porque somos inmigrantes. Tuvimos que pedir dinero en la calle y a la Iglesia para poder incinerarla y enviar sus cenizas a Honduras”, relata su amiga. Fátima ya no está aquí, pero su bicicleta blanca ha estado recordando su fallecimiento durante todo un año. La muerte de Fátima impactó a la familia para la que trabajaba. El padre del bebé al que cuidaba, Óscar Domínguez, le dejaba la bicicleta para ir y venir de su casa. “Los políticos publicitan a bombo y platillo caminos como el de El Carrilet, que en teoría te llevan a la playa. Eso, si superas los puntos negros…”, se lamenta emocionado. Karina Rivas, su mujer, cuenta que tras el accidente la llamaron del juzgado: “Era por si quería solicitar una indemnización por la bicicleta”. Mientras en otros países se respetan estas bicicletas mortuorias y, por desgracia, cada vez surgen más, en España se hace cierto el dicho popular que habla de la crueldad de robar las flores a los muertos. A Fátima le robaron su bicicleta fantasma. No una vez, sino dos. Indignados, los socios de Mou-te en Bici volvieron colocar otra, pero tan sólo duró dos días. Algunos dicen que la crisis obligó a algún necesitado a sustraerla y venderla para chatarra. Otros apuntan a que algún responsable directo o indirecto del accidente estaba harto de que un fantasma recordara el mal estado de ese paso. Imagen disuasiva

“Era la bicicleta psicológica que más faena ha hecho. Cuando los coches la veían, reducían la velocidad”, explica Vicenç Laguillo, camionero y miembro de Entesa per Bescanó, partido político en la oposición municipal. Este camionero pasó a los pocos minutos por el lugar del accidente y vio a Fátima tendida en el suelo sobre un reguero de sangre y cubierta por una manta plateada. En España era la única bicicleta blanca, la única que aparece en el mapamundi de la organización internacional Ghostbikes. Sí es más común que familiares o amigos recuerden a un ciclista atropellado con un ramo de flores que parecen no marchitarse en el punto exacto del siniestro. Y es que hasta en los carriles bici de nuestro país hay puntos negros. En la ciudad de Barcelona, que dispone de 124 kilómetros de carril para ciclistas, se han identificado al menos 12 puntos peligrosos. Por internet se pueden consultar y así ver la descripción de su peligrosidad. Hace un año, una mujer de 54 años fue atropellada por un camión en el barrio del Eixample. Sobrevivió, pero quedó gravemente herida. Sus amigos siguieron la costumbre y colgaron una bicicleta blanca en una señal, en la confluencia de las calles Consell de Cent y Bruch, donde se produjo el accidente. Esta bici también desapareció. La requisó la Guardia Urbana como si se tratara de un coche mal aparcado.

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Més informació: www.ghostbikes.org

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