La sociedad JCDecaux se comprometió a instalar 1.250 estaciones y mantener la flota a cambio de la explotación de 1.600 paneles publicitarios durante 10 años. El acuerdo incluía hasta el 12% de los ingresos por el alquiler a condición de mantener unos criterios de calidad, como el buen estado de los vehículos, el funcionamiento de las estaciones, la información a los clientes o la disponibilidad. Un negocio que no ha sido lo redondo que había estimado la empresa. Mientras París ha ganado 20 millones de euros en el primer año de explotación, JCDecaux no solo no ha podido percibir su 12% sino que le llueven los gastos.

La sociedad debe hacer frente a una media de 1.500 reparaciones diarias. Según sus cálculos, si los talleres dejaran de trabajar 10 días, no quedaría ningún vélib en la capital francesa. “La amplitud del vandalismo no era previsible. Una empresa privada no puede asumirlo en solitario puesto que se trata también de un problema de orden público. Si queremos que el dispositivo tenga continuidad, hay que revisar el modelo económico”, resume el director general de JCDecaux, Rémi Pheulpin. El ayuntamiento acepta este planteamiento para flexibilizar los criterios de acceso de la empresa al 12% de los ingresos, pero no para compartir la factura del mantenimiento del Vélib. A fin de mejorar este aspecto, lanzará una campaña contra el vandalismo.

Los comportamientos incívicos empañan un éxito que ha superado la previsión. Ni siquiera el frío de este invierno descorazona a los parisinos. Las bicis reinan en la ciudad. Desde el lanzamiento del servicio, en julio del 2007, se han registrado 42 millones de utilizaciones y las estaciones se extienden por la periferia. Unas 300 estaciones serán repartidas ahora en las ciudades vecinas, lo que hace temer más problemas.

DEMOSTRACIONES EN INTERNET

Pero el Vélib no solo es utilizado para desplazarse. Algunos grupos de jóvenes practican una nueva disciplina llamada vélib extreme, inspirada en la práctica del skateboard. Sus acrobacias por las escaleras de Montmartre –poco aptas para las rígidas y sufridas vélib– arrasan en internet.

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