Àngels Rodríguez (de 42 años) tiene una historia diferente. La otra noche se encontró a un italiano en la estación: “Qué bello servicio”, le dijo. Pronto descubrió la verdad: no pudo sacar una bicicleta. Volvió a pasar la tarjeta. Tuvo respuesta: no había bicis en esa estación, que estaba llena. Lo normal, comentan ambos, es que en el centro no haya bicicletas por la noche y que en la periferia no haya plazas para dejarlas.

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