Un alto cargo municipal negó la baja temeraria al recordar que se calcula obteniendo la media de varias ofertas y, en este caso, sólo pujó Clear Channel. Su rival francesa JC Decaux, que explota un servicio similar en Francia con bicis más resistentes, no pujó al ver que el negocio no era rentable. “Cuando sólo se presenta una empresa, es el interventor el que decide. No es la primera vez que lo hacemos”, dijo el mismo cargo. En el concurso, ya se advertía de que en caso de baja temeraria se le exigiría a la firma el 20% del importe de lo licitado. Clear Channel, pionera en el sector y que ha instalado el servicio en 20 ciudades de todo el mundo, dice que su oferta se ajustó a la gestión.

El Ayuntamiento admite que el primer año del bicing ha sido experimental y que tras el boom instará a la empresa pública, Barcelona Serveis Municipals (BSM), de la que depende el servicio, a poner orden empresarial, técnico y laboral. El centenar de trabajadores lo esperan porque la situación es, cuando menos, curiosa. BSM adjudicó la explotación del bicing a Clear Channel, que, a su vez, concedió por un año el lanzamiento y la gestión del producto a Delfing Group, otra firma de mercadotecnia y publicidad sin experiencia en el mundo de las bicicletas. “¿Y quién la tenía?”, se preguntan en esa firma. Delfing fichó a sus empleados y buscó mano de obra en Internet a través de la firma Moviment. La atención al público la realiza la sociedad Atento. Carlos Navarro y Rafael Iniesta, de la CGT, denuncian que ese entramado propició la dispersión de trabajadores y malas condiciones laborales que les llevó a convocar una huelga el 10 de abril. El paro fue desconvocado al comprometerse Delfing a absorber la plantilla y negociar un convenio dentro del ramo del transporte y no del de la publicidad, peor pagado.

Tras lanzar el producto, Delfing propone que sea ahora otra empresa la que explote el servicio. Jordi Sáez, director de Clear Channel, confirmó ayer que Moviment asumirá los trabajadores y explotará el bicing los próximos cinco años.

La oposición ha observado con pesar el proceso. Francina Vila y Joan Puigdollers, de CiU, lamentan la subcontratación en cadena y que Clear Channel anunciara que bicing estaría abierto 24 horas cuando sólo se ajusta al horario del metro. Ricard Martínez, de ERC, añade que ya advirtieron de que la baja temeraria podía afectar al servicio: “Es una pena que algo que será un icono de Barcelona sufra estos problemas. Está dejando de ser un instrumento fiable”. Enrique Villagrasa, del PP, señala: “Si el Ayuntamiento se pone la medalla del bicing, que sea valiente para asumir los errores”.

Clear Channel tiene una veintena de trabajadores en Barcelona que se dedican a mejorar la evolución de la bicicleta y a adaptar el sistema informático, que, según los trabajadores, se cae cada dos por tres. “Eso sucede por el tiempo que necesita para absorber la información cuando se abre una nueva estación”, dice Sáez, que pide comprensión para un servicio con 45.000 usos diarios. Su idea es que el sistema se estabilice en junio cuando se alcancen las 400 estaciones. Y concluye diciendo que el éxito del bicing es incontestable: “Acabamos de ganar concursos en Zaragoza y San Francisco, por ejemplo”.

DANIEL GIMENO (Informático): “Está tan saturado que echa para atrás”

Daniel Gimeno, 23 años, lleva 20 minutos dando vueltas con una bici encima. No tiene dónde dejarla. “Cada día empleo más tiempo para encontrar un hueco en la parada… Tanta saturación echa para atrás”, lamenta mientras van llegando más usuarios. “A la cola”, bromea Daniel.

ADA SERRA (Técnica audiovisual): “Me enfadé mucho y me he dado de baja”

Amante de las bicis, que usa para ir a su trabajo, Ada Serra, de 26 años, no quiere saber ya nada del bicing. “O no hay bicis o no puedes aparcar porque las estaciones están llenas. Mi tarjeta hacía tiempo que no iba bien y cuando visité mi historial, vi que me habían renovado el abono. Me enfadé mucho y me di de baja”.

TATI MARQUÉS (Educadora): “Hay días en que es una tragedia”

Tati, 37 años, es usuaria del bicing desde que se estrenó el servicio. “Sólo pagué seis euros”, dice burlona. Ahora quien quiera abonarse debe pagar 24, pero el servicio sólo va a peor. “Nunca sabes qué estaciones funcionan y cuáles no. Hay días que acabas dando mil vueltas y es una tragedia”, explica.

JUAN PEQUÍN (Empresario): “Funciona muy bien, pero todo al revés” 

Juan Pequín, 59 años, asegura que el bicing funciona a la perfección, “pero todo al revés”. Cuando por la mañana busca un vehículo en Les Corts, donde reside, encuentra todas las estaciones vacías. Y cuando llega al centro, donde trabaja, las halla a rebosar. “Una lástima, porque la idea es buena”, asiente.

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