Barcelona | El Periódico | Juli Capella | 22/10/2008

El Gobierno blavenciano del PP creó hace años, a bombo y platillo, el Encuentro Mundial de las Artes, celebrado en Valencia. Creo que duró dos ediciones. Bajo la temática La responsabilidad cívica de las artes, un ponente portugués, no sé a cuento de qué, explicó entusiasmado, durante más de una hora, la organización de las hormigas y su complejo sistema de convivencia pacífica. Una especie de anarquía voluntariamente jerarquizada y presuntamente feliz. Al final del encuentro, llegó el turno de las conclusiones, pero los ilustres oradores se enzarzaron en violentas discusiones insultándose y tirándose los trastos a la cabeza. Ante el caos, el surrealista defensor de la comunidad hormiguera, chilló: “Lo veis, no estamos preparados para la anarquía, no hemos evolucionado como las hormigas”. Y se largó del debate lamentándose.

El otro día llegué a una parada del Bicing y pensé lo mismo: no solo no estamos preparados para la anarquía, sino ni tan siquiera para compartir unas tristes bicis. A la que no le faltaba el freno, le habían roto el sillín o arrancado la marcha. Solo cuatro, de veinte, tenían aún el timbre íntegro. Y unas pocas todavía te- nían las luces.

No es que quiera justificar el desastre organizativo del Bicing, pero si además le sumamos nuestra desidia salvaje… Me da rabia que una iniciativa feliz del Ayuntamiento acabe fracasando por lo burros que somos. Lo cual me lleva de nuevo al hormiguero y a pensar que es la educación, y no las ordenanzas, lo importante en la jungla urbana. Y por eso desalienta ver cómo la enseñanza se está convirtiendo en la última de nuestras prioridades. Qué pena.

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