Pero ni por acera, calzada o carril bici recuerdo haber topado nunca con un agente de la Guardia Urbana despejando la jungla urbana a golpe de multas. Y no es cuestión de responsabilizar a los urbanos, que posiblemente estén desbordados entre coordinarse con los Mossos para operativos de seguridad como el de la Eurocopa y ejercer de brazo ejecutor de la poliédrica ordenanza cívica.

Por eso, una buena solución sería crear un nuevo batallón de vigilantes, adiestrados en la misma unidad que los de las áreas azul y verdes. La capacidad recaudadora de las arcas municipales se multiplicaría por tropecientos mil. ¿Acaso han visto mayor eficacia sancionadora que la desplegada en los aparcamientos de pago de la calle? Pobre del que estacione unos minutitos –perfectamente alineado y sin alterar el tráfico– sin soltar unas monedas en la máquina (casi tragaperras). Fijo que se encontrará una multa.

Y es que ese dinero es mucho más fácil y regular que el que proporcionan los excesos de motos mal aparcadas en las aceras, de coches que paran “un momentito” en el carril bici –multiplicando el riesgo del ciclista–, de transportistas que descargan donde les place o de ciclistas que avanzan torpemente por las aceras. Con todos ellos habría que discutir (seguro que vuelven en plena multa); habría que estar atento a todo tipo de desmán (con ratos de baja productividad) y habría que ser rápido. Una misión cansina y menos rentable.

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