Barcelona | La Vanguardia |JULIÁN MURLANCH | 15/12/2008

El viernes pasado, haciendo mi recorrido habitual de la oficina a mi domicilio en bicicleta , tuve un accidente. Fue a causa de los vehículos que están a diario estacionados en el carril bici de la calle Diputación, entre Sicilia y Cerdeña, esperando al aparcacoches del restaurante Gorría. Por su culpa tuve que salirme del carril. Al llegar a la altura de los cuatro coches que estaban allí aparcados, uno de los conductores que esperaban en el interior de su vehículo, abrió la puerta sin mirar y pueden imaginarse la escena: salí por los aires, impactando yo y la bicicleta, contra la puerta y el asfalto. El resultado: erosión en la mano y componentes de la bicicleta averiados. Y aún podía haber sido mucho peor, suerte que en aquel momento no venía otro coche detrás mío.

Me cuesta creer que las patrullas de la policía municipal y mossos, no vean algo que ocurre a diario, en el mismo punto y a las mismas horas de restaurante.

En general me parece que todavía no hay mucha voluntad de hacer respetar el carril bici por parte de nuestras autoridades.

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