Olvidado pero no desaparecido

Hasta ahora se pensaba que la falta de uso provocaba la degeneración de estas conexiones pero los resultados de este trabajo sugieren lo contrario. Varios ratones, cuyos cerebros estaban siendo minuciosamente observados, han servido para hacer este descubrimiento. Los investigadores controlaron los cambios que se producían en sus conexiones neuronales cuando les impedían la visión de un ojo, así como cuando la recuperaban y cuando la perdían un tiempo después.

Las neuronas de la corteza visual empezaban rápidamente a establecer muchas y nuevas conexiones cuando al ratón se le tapaba un ojo. Cinco días después, estas células se habían reacomodado, de forma que eran capaces de procesar la información del otro ojo. Se habían adaptado a la situación monocular.

Al recuperar la visión del ojo temporalmente ‘cegado’, las neuronas de los roedores retomaron su antigua función, ignorando el rol recientemente adquirido. Pero estas conexiones seguían intactas al cabo del tiempo. “Lo que más nos sorprendió es que la mayor parte de los apéndices que se habían desarrollado en respuesta al bloqueo de la información [al tapar un ojo] seguían existiendo a pesar de que el bloqueo había desaparecido”, señala el jefe del proyecto Mark Hübener, en un comunicado de la institución alemana.

Más aún, cuando al cabo de dos o tres semanas Hübener y sus colegas repitieron el experimento, comprobaron que la corteza visual de los ratones se adaptaba rápidamente a la situación y cómo las neuronas que habían aprendido a recibir información del otro ojo pronto recuperaban esta función.

“Dado que es probable que una experiencia vuelva a suceder en algún momento, el cerebro, aparentemente, opta por conservar unos cuantos apéndices [nuevas conexiones] por si acaso”, concluye Hübener.

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Ver artículo original en la revista Nature

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