Durante todo el día 30, la actividad en las estaciones de servicio del país fue frenética, y en algunos puntos se llegaron a superar volúmenes de venta ocho veces superiores a los habituales. Muchos japoneses apuraron las últimas horas de gasolina barata llenando sus depósitos para afrontar el largo puente de primavera de primeros de mayo. En cambio, el día 1 las gasolineras estaban casi vacías, e hicieron solo el 10% del negocio.

El fantasma de la inflación

El regreso de la gasolina cara, unido al aumento del precio de la mayoría de materias primas y al efecto que han tenido los escándalos relacionados con los alimentos importados de China, hacen prever un inminente aumento de la inflación y un enfriamiento del consumo. Muchos ciudadanos han empezado los recortes precisamente por la gasolina. “Yo voy a usar la bicicleta tanto como pueda; hasta ahora iba en coche o en tren al trabajo pero, a partir de ahora, voy a pedalear. Cuando uso el coche, hago una conducción ecológica, sin dar acelerones“, explica una agente de seguros.

Con la gasolina por las nubes, no solo sufren las cuentas domésticas sino también las de muchos negocios familiares que no se atreven a repercutir el alza en los precios que cobran a sus clientes. Uno de los sectores más afectados ha sido el de los baños públicos, establecimientos que se mantienen abiertos todavía por la afición de muchos japoneses al baño como práctica de limpieza y ritual de socialización. El coste del combustible para calentar el agua se ha añadido a una clientela que mengua por el envejecimiento de la población. Así las cosas, muchos han tenido que cerrar, cambiar a fuentes de energía más baratas o inventarse sistemas para tapar las bañeras y mantener el calor durante su cierre.

Algunas compañías de transporte ya han adoptado en invierno diversas medidas para reducir la factura por combustible, como obligar a los conductores a apagar los motores de los camiones en las operaciones de carga y usar mantas eléctricas para mantener el calor.

Mientras muchos japoneses de a pie pasaban las últimas horas de abril sufriendo por sus bolsillos y sus estómagos, en Tokio, unos 100 diputados de la oposición montaron un piquete delante del despacho del presidente de la Cámara de Diputados, Yohei Kono. Llevaban pancartas que decían Abuso de poder; escuchad la voz del pueblo, y querían evitar que Kono llegara al pleno y se aprobase la ley impositiva sobre la gasolina. La norma caducó en marzo gracias al bloqueo en el Senado, donde la oposición tiene mayoría absoluta.

Horas de tensión

Tras horas de tensión, Kono logró burlar el cerco y llegar al hemiciclo, donde la ley se aprobó sin problemas, pese a su gran impopularidad. “En lugar de gastar tanto dinero en proyectos inútiles, podrían dedicar más a la educación. En nuestro colegio podríamos financiar más viajes de estudios al extranjero”, se queja el responsable de un centro educativo.

El primer ministro, Yasuo Fukuda, intentó convencer a los japoneses. “En un momento en que cada ciudadano hace grandes esfuerzos para llegar a fin de mes, es una decisión muy dura. Sin embargo, he considerado que debemos parar esta situación irresponsable, en que nos encontramos con unos ingresos insuficientes”, explica Fukuda.

El primer ministro se encuentra en sus horas más bajas, con un índice de popularidad inferior al 20%. Ahora dice que impulsará una ley para que el impuesto sobre la gasolina no se convierta solo en asfalto y sirva también para financiar necesidades más urgentes, como la mejora de la enseñanza y la asistencia sanitaria. Sin embargo, parece casi imposible que un político tan impopular pueda enfrentarse a poderosos grupos de interés que resisten el cambio.

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