La efectividad de una medida de este tipo depende directamente de la cooperación y uniformidad de tiendas y distribuidores a la hora de mantener un criterio común ante este hecho, pero ellos son, por lógica, los primeros interesados en aprovechar esta característica peculiar de las bicicletas eléctricas: la necesidad de adquirir un cargador.

Esperamos que estos primeros contactos devengan en una norma común de actuación, de tal manera que por un lado los usuarios de bicicletas eléctricas se sientan más protegidos, y por otro los ladrones dejen de ver el robo de estas “llamativas” bicis como un negocio rentable.

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