Recuperamos la historia de cuatro marcas españolas que aún hoy siguen empeñados en que la gente se suba al sillín. En mayor o menor medida, estas firmas también están notando las consecuencias de la crisis económica.

Bicicletas Orbea

Esta marca española de bicis cumple ya casi 150 años de historia. Todo comenzó en 1840, cuando cuatro hermanos, Juan Manuel, Mateo, Casimiro y Petra Orbea Murua fundaron en Éibar (Guipúzcoa) la industria ‘Orbea Hermanos’, dedicada a la fabricación de revólveres y pistolas. El negocio familiar tuvo mucho éxito y fue creciendo, tanto que incluso en 1890 construyeron una pequeña central hidroeléctrica cerca de sus talleres para el suministro de energía, y a principios del siglo XX crearon una fábrica de cartuchos en Buenos Aires (Argentina). Pero los problemas familiares junto a una situación de crisis producida por el final de la primera Guerra Mundial (la Paz hace caer la venta de armamento) provoca que en 1926 la empresa se divida en dos: una de ellas, con el nombre de Orbea y Compañía se queda en Éibar y comienza la fabricación de bicicletas, mientras la otra continúa con la fabricación de cartuchería en Vitoria.

 “El cambio de la fabricación de armas a bicicletas se debió principalmente al aprovechamiento del material que se tenía; ¿qué se puede hacer con lo que tenemos?, se preguntaron entonces. Los tubos que se utilizaban en cañones y metralletas se destinaron a producir bicis, y es que los vehículos de 1930 estaban hechos con cuatro tubos”, cuenta Jokin Díez, responsable de comunicación de la empresa. La primera bici de esta empresa vasca comenzó a rodar en los años 30, para después, en los 50, incorporarle un pequeño motor (la Velosolex). En 1975, la familia abandona las instalaciones del barrio eibarrés de Urkizu para instalarse en Mallabia.

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