Estos dos emprendedores, después de haber vivido y trabajado en Francia, donde “la bicicleta está mucho más integrada que aquí como medio de transporte”, tratan de establecer su modelo de negocio en España, un país de cuestas en el que el ciclista encuentra dificultades para hacer de la bici, más que un instrumento de ocio y tiempo libre, un medio de transporte. Con la idea de contribuir a este desarrollo, Geofotón ha desarrollado un sistema que, adaptado al vehículo, transforma el propio esfuerzo físico del usuario en energía eléctrica. “Tú pedaleas y, al mismo tiempo, produces una energía que te ayuda en ese pedaleo”.

Pablo residió en Noruega, después en Francia. “Allí desarrollé piezas para Renault y Bartolomé trabajaba en una empresa de reprografía”. Pero fue su viaje de trabajo a Kenia el que modificó filosofías de vida e ideales: “Nos enteramos de que una ONG, Terra Natura, estaba buscando dos ingenieros que quisieran participar en el desarrollo de un proyecto de ecoturismo con los masai: diseño de filtros de depuración de agua, empleo de biomasa en la obtención de energía, etcétera”, explica el emprendedor. Ahí sintieron que su trabajo podía mejorar la calidad de vida de la gente. Lo conseguido y vivido les impactó tanto que, mediada su estancia en África, tomaron una decisión que cambiaría sus trayectorias: al volver a Europa iban a trabajar sobre ese concepto de vida recién adquirido.

Entonces una empresa francesa de mobiliario urbano les dio la posibilidad de poner en práctica los planteamientos aprendidos y traídos de África: “Nos pidieron asesoramiento en el desarrollo de una estación de recarga para bicicletas eléctricas”. Una vez resuelta la cuestión energética, Pablo y Bartolomé continuaron investigando otros aspectos de la estación, “conexión eléctrica de la bicicleta con el módulo de carga, ensamblaje de la estructura sin recurrir a soldaduras, inclinación de los paneles solares…”. “Al final pudimos adquirir un conocimiento bastante completo de lo que es una estación de recarga para bicicletas eléctricas”.

Acabado el encargo, los dos ingenieros se decidieron: serían empresarios. “Fue de todo aquel desarrollo de donde salió el concepto Bike-In”, admite.

A punto de firmar un contrato que permitirá la expansión de Geofotón por diversas ciudades de Francia e inmersos en una intensa política de promoción por España, los dos socios han abierto como vía rápida de acceder a recursos financieros una tercera parcela de negocio: hacer balance de emisiones de Co2. “Toda actividad humana tiene unas emisiones. Nosotros ofrecemos medidores que evalúan ese impacto medioambiental y diseñamos un plan de reducción”. Una cuestión que no a mucho tardar cobrará gran importancia. –

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