Turbinas de viento suministrarán la corriente, la energía solar calentará el agua de la cocina o el baño, se restringirá el uso del automóvil y se dará prioridad a la bicicleta. Sherford ha sido diseñada por el heredero del trono británico en colaboración con un consorcio privado del que forma parte el Royal Bank of Scotland.

Al igual que ocurre en Poundbury, otra ciudad de nueva planta en el condado de Dorset, que Carlos de Inglaterra comenzó a construir hace diez años en su ducado de Cornualles, los edificios de Sherford están inspirados en viejas ciudades inglesas.

El primogénito de Isabel II, que detesta los rascacielos modernos, dice querer construir “lugares que hagan que la gente sienta que les pertenecen”.

La Foundation for the Built Environment, fundación presidida por el príncipe y la constructora Red Tree, quiere que la mitad de la energía de Sherford provenga de fuentes renovables in situ, especialmente de turbinas eólicas y biomasa.

Dos terceras partes de los materiales de construcción que se empleen provendrán de los alrededores de la ciudad, y las emisiones de CO2 de los hogares y los negocios que se instalen allí serán un 60 por ciento inferiores a las que exige la legislación actual. Los tejados de muchas de las casas estarán cubiertos de plantas o de una capa de grava para que los insectos y los pájaros busquen allí refugio.

Tres de cada cuatro edificios estarán dotados de paneles solares y habrá además una granja de productos orgánicos.

Cuando se propuso la construcción de Sherford, los habitantes de la localidad vecina de Brixton presentaron 3.000 objeciones, pero la oposición inicial remitió después de que se involucrase a aquellos en el diseño de la nueva ciudad.

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