El Periódico | 6 de novembre | Carlos Márquez

Sarrià-Sant Gervasi y Gràcia sufren la falta de carriles de bici

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La apuesta de Barcelona por la bicicleta es un hecho indiscutible. Los aparcamientos en la calle han aumentado (17.000 plazas en superficie y más de 1.000 subterráneas), los conductores están algo más sensibilizados, el Bicing ha potenciado y popularizado su uso a pesar de los problemas de mantenimiento del servicio y los carriles bici van ganando hueco entre coches, motos, autobuses y taxis. Este impulso por la movilidad sostenible, sin embargo, ha dibujado una Barcelona desigual, con distritos en los que pedalear y no dar gas sigue siendo el peligro de toda la vida. Sarrià-Sant Gervasi y Gràcia son dos de los más deficitarios.

Recorrer el Eixample en bicicleta es una delicia. El ciclista va por Consell de Cent, vuelve por Diputació; sube y baja por Enric Granados o Comte d’Urgell, o va de lado a lado por Gran Via. «Tiene lógica que este distrito concentre el grueso del carril bici porque son zonas de mucha densidad de tráfico en las que se hace necesario segregar las bicicletas», apunta Diana González, coordinadora del Bicicleta Club de Catalunya (Bacc). En Sarrià-Sant Gervasi y Gràcia, en cambio, ser ciclista urbano es un reto, un combate de risa entre pedales y cilindros, casi un deporte de riesgo involuntario. Con un dato basta para hacerse a la idea: estos dos distritos suman juntos, Diagonal aparte, 1,7 kilómetros de carril bici urbano, poco más del 1% del total de la ciudad, que suma ya cerca de 160 kilómetros.

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